martes, 23 de abril de 2013

De nenas y leones

Ultimamente hemos descubierto un nuevo juego que a Plastilina le vuelve loca y que ayuda mucho a que aguante en el carrito: buscar nenas y leones. Sí, sí, como lo escribo. Resulta que el paseo que lleva de mi casa a la guardería tiene muchos edificios antiguos cuyas fachadas están decoradas con figuras de mujeres, angelitos, monstruos, etc. Así que nos pasamos todo el camino buscándolos. A veces incluso cambiamos de acera para que los pueda ver mejor.

Es muy divertido porque tengo que estar explicándole donde están: "arriba, encima de la puerta, al otro lado" con lo cual algo de vocabulario trabajamos y porque ella pone una cara muy concentrada que se le ilumina cuando encuentra por fin una nena. 

Siempre me ha gustado mirar edificios pero ahora les presto mucha más atención y me fijo en cosas que antes pasaban desapercibidas.


jueves, 18 de abril de 2013

Grupo de juego

Hace poco más de un mes que comenzamos nuestro "Grupo de juego" y ayer fue nuestra última vez. La verdad es que se me ha pasado muy rápido y estoy contenta porque me ha gustado más de lo que me esperaba. Sobre todo ahora puedo hablar con un poco más de conocimiento de causa de los famosos "Spielgruppen" al que todas las madres (casi siempre austriacas) se apuntan. 

Estos grupos consisten en mamás que van con sus nenes para jugar. Los hay de varias temáticas, musicales, de movimiento, de natación, etc. y para distintas edades (sobre todo para menores de 3 años). Se suelen hacer en lo que se llaman "Centros de padres y niños", son una vez a la semana, hora y media y cuestan unos 40 o 50 euros. 

El nuestro era de pedagogía motórica y aquí el punto fuerte era que los críos se movieran (algo que siempre hacen pero esta vez en grupo, dirigido por una pedagoga y pagando por ello). Nuestras sesiones, o como se llamen, eran así: primero todos nos ponemos en círculos y cantamos una canción de bienvenida donde se saluda a cada niño. En plan: "buenos días Plastilina, qué bien que estás aquí, te saludamos con pies y manos" (traducción adaptada del original por mí). Todo esto con unas voces sacadas de poco más que un coro. Qué bien cantan todos por aquí!

Después cantábamos una canción mientras corríamos por la sala haciendo cosas como agacharse, estirarse, dar palmadas, etc. Esta era la parte favorita de Plastilina porque todo lo que sea música le encanta. Es más, todo el rato quería irse a la radio para hacer de dj y darle al botón del play. 

Seguidamente jugábamos, o bien al juego del globo (en círculo, de la mano, hacemos como que soplamos y nos vamos estirando, estirando hasta que el "globo" explota) o bien a los aros (hoola hops en el suelo, bailamos por la sala y cuando para la música hay que entrar en uno y hacer algo tipo saltar, aullar, arrastrarse...). 

Y ya pasábamos a la fase "circuitos": que si una colchoneta para saltar, que si trepar por la espaldera, que si caminar sobre unas barras, etc. Los niños iban sin orden ni concierto de una cosa a la otra mientras que algunas madres (sobre todo al principio) les ayudaban y otras se reunían en corrillo para hablar con otras mamás (pasado un rato todas hacían esto). 

Al final de la clase venía otra canción:" El saco del molinero". Esta vez las madres, por parejas, tomaban una manta por las puntas, un niño se tumbaba en ella y las madres lo balanceaban cual saco de patatas mientras cantaban la canción del molinero. 

Y ya, lo último, último, era hacer de nuevo un corro y cantar una canción de despedida "qué pena que te vas, espero que estés contento, nos vemos otra vez, qué maravilla" (traducción y, sobre todo adaptación, de nuevo por mí misma). 

Tras tanto ejercicio durante una hora había que reponer fuerzas. Como para entonces ya era casi la hora de comer por aquí (las once) pues nos íbamos al salón del centro este de padres y comíamos. Nunca me enteré muy bien de cómo se organizaba esta parte el caso es que a mi mitad de curso me di cuenta de que a veces alguien llevaba pan y a veces otra mamá fruta. Así que yo también llevé cosas sanas para el grupo. 

Porque vamos, qué sano que hemos comido siempre: fruta, pan integral con mantequilla y mermelada, yogur, agua...y café para las mamás. Yo cada vez que veía a un nene comiendo un trozo de pan y otro trozo de plátano me acordaba de los recreos en España: donuts, bollicaos, pan con nocilla, galletas maría...lo que menos había era fruta!

A las once y media todas recogíamos y hasta luego. Nada de: nos vamos de tapitas? os apuntáis a una cervecilla en el bar de la esquina? a qué horas quedamos en el parque? No, no, que eso no se hace aquí. 

Haciendo balance del grupo pues...bueno...no ha estado mal. Plastilina se lo ha pasado bomba y eso es lo que cuenta. No ha hecho amiguitos nuevos (ni yo tampoco) pero no creo que lo eche de menos. Yo he aprendido un par de canciones, me he ahorrado la guardería un día a la semana y mi bolsa de aseo está llena de muestras gratuitas de champú, gel, leche hidratante, etc para  niños ( en serio que las daban gratis, lo ponía en el cartelito del baño y  no decía que no se podían tomar más de una).

En fin, que me veo yendo de nuevo en mayo cuando comience la segunda tanda. Más que nada para ver si me pega algo de esas voces corales. 




lunes, 15 de abril de 2013

Viaje de Semana Santa

Antes de que tuviéramos a Plastilina viajábamos mucho. Hemos hecho viajes cortos, largos, programados, a la aventura, a ciudades, a la playa...Cuando nos convertimos en una familia de tres nos preguntamos si sería posible compaginar esta pasión con tener una niña. 
Muchas de las madres que conozco dicen que no se puede viajar con niños y que estábamos locos si pensábamos que íbamos a poder ni siquiera hacer una excursión de un día a alguna ciudad. 
Al final nos decidimos por intentarlo y, si no funcionaba...pues tendríamos que esperar a que Plastilina fuera más grande. 

Y, bueno, tengo que decir que no ha sido y no es fácil pero que se puede, perfectamente ir de viaje con ella. Lo mismo que antes teníamos en cuenta los intereses y las necesidades de que cada uno (a mí me encanta patearme una ciudad mientras que Chico se harta andando; él se lee cada letrerito que encuentra en un museo y yo soy más selectiva; él quiere tranquilidad por la mañana y a mí me falta tiempo para salir a la calle ) ahora hay que tenerla en cuenta a ella también. Es decir, tenemos claro que vamos a madrugar, que hay que seguir los horarios de comida, que no pasaremos horas caminando, que hay que ir al parque o a un zoo, etc. 
Sobre todo hay que recordar que, lo bueno de un viaje, es que podemos pasar tiempo juntos y disfrutar de estar los tres en familia. 

Bueno, en realidad lo que yo quería contar es nuestra Semana Santa que, como se puede adivinar, la hemos pasado fuera. Estuvimos toda la semana en Alemania porque al estar justito al lado podemos ir en tren. 

Y es que el tren es, con diferencia, el mejor medio de transporte para ir con Plastilina. Para empezar hay vagones especiales para niños. Algunos tienen un pequeño "cine", otros un área de juegos, otros son más amplios que los normales y cuentan con cambiador y mesa. 
Después tienes mucho más espacio y puedes dar paseos. Ves el paisaje. Puedes hacer una pausa en el vagón restaurante. No hay límite de equipaje. En fin, un placer!.

Lo de no tener límite de equipaje es lo que más en serio nos tomamos porque parecía que nos mudábamos para siempre. Llevábamos una mochila con juguetes, una con pañales y ropa extra, otra con comida (tortilla de patatas incluida), otra para entretener a los mayores (que si ebook, que si portátil, que si revista). Eso mas dos maletas mas el carrito.

La pobre de Plastilina no eligió mejor momento para ponerse enferma que ese día. Le dió mucha fiebre y tos. Así que pasó la mayor parte de las ocho horas adormilada en mis brazos. Qué pena daba verla! Pero qué viaje más tranquilo!

La fiebre le duró dos días más y la tos aún la lleva arrastrando con lo cual este viaje ha incluido una visita al pediatra, una compra en la farmacia, horas extras de imsonio y muchos pañuelos de papel. Ah, y mis ojeras han aumentado considerablemente. Pero bueno, eso que dicen que los niños incluso enfermos tienen energía es verdad y Plastilina ha seguido

En líneas generales puedo decir que Austria está mucho mejor preparada para viajar con niños que Alemania. Aquí es más fácil encontrar tronas en los locales, cambiadores en los baños, ascensores en las estaciones de metro y tren, locales con zonas para niños o incluso cafeterías para familias.Creo que no sería mala idea investigar un poco antes sobre estas cosas para que así la visita se haga más fácil. En mi caso no lo hice pero lo tengo apuntado para la próxima vez.

Otra cosa que hay que tener en cuenta es el tipo de alojamiento. Estuvimos pensando mucho si tomar un hotel o alquilar un apartamento. Al final nos decidimos por lo segundo ya que es más cómodo tener una cocina en la que calentar el biberón de Plastilina que tener que estar saliendo a la calle a las 6 de la mañana en busca de una cafetería. Y sí, fue una buena decisión porque así pudimos desayunar y cenar a nuestro antojo. Creo que es algo que volveremos a repetir.

Lo que sí hemos descartado por completo para futuros viajes es ir a una ciudad entre octubre y abril. Es decir, a no ser que vayamos al caribe Chico dice que se niega a ir a cualquier sitio porque siempre pasa frío. Sí, esta vez le doy la razón porque, la verdad, es que nos hemos congelado. Sobre todo la pobre de Plastilina que llevaba tanta ropa encima que a penas se podía mover en el carrito.

Total, que he hecho una lista para que no se me olvide la próxima vez qué es bueno hacer y qué no, qué hay que considerar y qué hay que planear bien, bien, bien antes de coger los bártulos.







martes, 19 de marzo de 2013

Día del padre

Hoy los blogs de mamás se llenan de entradas sobre papás y yo, como no podía ser menos, también quiero dedicar unas líneas a este tema. 

En mi casa el día del padre ha sido muy importante. Primero porque, haciendo cuentas, tenemos siete en la familia. Y segundo porque el nombre de José está tres veces presentes, incluyendo a mi padre.
El siempre ha sido el homenajeado, más que el día del padre era el día del patriarca. Porque, sí, se felicitaban a los demás pero como algo circunstancial. Lo que de verdad se celebraba, y por todo lo alto, era el día del "Papi".

Hace ya unos cuantos años que nos dejó y este día ha pasado a ser uno un poco triste. Nos acordamos mucho de él, de las comilonas en el patio o comiendo pescaíto en la playa. Es cierto que cada día le echo de menos pero hoy más aún. 

Desde que Plastilina llegó esta fecha vuelve a ser especial, vuelve a llenarse de celebración, de alegría...aún no hacemos manualidades para Chico, ni regalos, ni grandes comidas pero ya llegarán. Iré llenando su cabecita de buenos recuerdos como los que yo tengo. 

Ella además tendrá la suerte de poder hacerlo dos veces al año. Sí, sí, dos veces. Una en marzo, como en España, y otra en junio como en Austria. ¿No somos una familia bicultural? Pues tendremos "bifiestas de guardar". Por supuesto yo también que, gracias al calendario, el día de la madre tampoco coincide en los dos países. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Reto 150 palabras: Educación, caracol y violeta

Un día de mucho viento Ramón el caracol volvía a casa intentando que su sombrero no saliera volando por los aires. Decidió hacer una pausa detrás de una roca. Cuando encontró refugio y mientras esperaba a que pasara el vendabal oyó un grito. Asomó uno de sus largos ojos y vio que se trataba de Violeta, la seta. La pobre estaba casi arrancada del suelo y luchaba por mantenerse de pie. Ramón, que era un caballero de muy buena educación, no se lo pensó dos veces y salió en su ayuda. 
Apoyó su redonda y firme casa en Violeta y lenta pero firmemente empujó hasta que consiguió enderezar a la pobre. 
Juntos esperaron hasta que el viento pasó. Violeta estaba tan agradecida que le regaló a Ramón uno de sus lunares violetas para que él pudiera adornar la fachada de su casa.





150 palabras es una entrega dominical, creada por Marta, (DiarioDeAlgoEspecial) de una microhistoria o microrrelato, con la que podemos dar rienda suelta a nuestra creatividad, y enfocada a los niños. Te daré tres palabras de inicio, y habrá que crear un cuento. ¡de 150 palabras!
Después no te olvides de enlazar con el link aquí debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar.
Para conocer cómo nació esta idea de 150 palabras y las reglas, puedes hacer click aquí.
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viernes, 15 de marzo de 2013

Grupos de juego

Algo que se estila mucho en este país es el "grupo de juegos". Consiste en un grupo de mamás con sus bebés que se reúnen para que sus crías jueguen, canten, hagan amigos, tomen la merienda juntos...Esto no se hace así como así sino que se necesita a una monitora especializada en un centro especializado. Ah, y un precio especializado.

Los grupos los hay para todas la edades y de todas las temáticas posibles: música, ritmo, manualidades, gimnasia, etc. Casi todas las madres que conozco van o han ido a uno. Al principio me resistía a ir porque pensaba que para que Plastilina jugara con otros niños ya estaba el parque. Pero claro, cuando vi que aquí eso de interactuar en el parque no se lleva...pues no me quedó otra que intentar hacer nuesvas amiguitas en un grupo de estos.

A ver. Yo entiendo que a ciertas edades nuestras criaturas son más de jugar cada una con su pala o cada una en su columpio. Pero también he visto muchas veces (casi siempre en parques de España, no aquí). cómo las mamás animan a sus hijos a que hablen con otros, a que presten, a que pidan perdón, etc. Al final, las madres acaban hablando entre ellas y los niños acaban jugando entre ellos.

Yo cuando empecé a ir al parque aquí venía con mi chip español. Yo y Plastilina, porque ella se pasaba todo el rato diciendo "hola" a cualquiera que estuviera a menos de 5 metros a la redonda. Así que yo iba por las tardes, muy ilusionada, con la taleguilla de la merienda y la bolsita con las palas para el arenero. Pensaba que podría relajarme un poco, sentarme tranquilamente, ver como Plastilina conocía a otros niños y yo, de paso, hacía amigas nuevas.

Pues no. A las dos veces de ir ya se me hizo muy evidente que las cosas no funcionan así, que por mucho que intentara sobornar con una superpala roja a un niño o por mucho que le dijera a una mama que "vaya ojos tan bonitos que tiene tu hijo" al final acabábamos todo el rato Plastilina y yo jugando en un rincón del arenero.

Varios meses y muchas tardes de parque han pasado ya y, aunque soy positiva y lo sigo intentando, en todo este tiempo la cosa ha seguido igual. Así que he decidido apuntarme a uno de esos dichosos grupos para ver si, pagando, las demás madres se animan a incluirnos en su club de amistades.



martes, 12 de marzo de 2013

Aprendiendo signos

Siempre me ha apasionado el lenguaje de signos. De pequeña recuerdo que jugaba a que era sorda y tenía que comunicarme con las manos. Además había aprendido de mis hermanos a deletrear usando el alfabeto signado y me pasaba ratos "escribiendo" con los dedos. En la escuela incluso usé esta habilidad para comunicarme con mis amigas en los exámenes y darnos las respuestas.

Cuando me quedé embarazada de Plastilina y mis horas de lectura eran dedicadas a temas de la matenidad (lactancia, alimentación, poblemas del sueño, etc) cayó en mis manos un artículo sobre bebés y lengua de signos. Me pareció tan interesante poder darle la oportunidad a mi hija de comunicarse conmigo antes de que pudiera hablar que me decidí a enseñarle cuando naciera.

Y así hice. Cuando Plastilina cumplió los seis meses y empezó con la alimentación complementaria comencé con mi proyecto. La primera palabra que le enseñé fue "todo" que servía para indicarme que ya no quería comer más. Al principio pensé que no iba a funcionar pero lo captó muy rápido y a las tres semanas lo hizo. Fue algo extraordinario! Después incluso empezó a usar "todo" en otras situaciones: cuando quería que acabase de vestirla, cuando el cuento había terminado, cuando ya no había más pan...

A este signo le siguieron otros y a día de hoy sabe decir: todo, baño, dormir, paseo, música, comer, beber, pájaro, mono, elefante, jirafa, gusanitos (de los que se comen) y caliente. Además de que ha sido un proceso de aprendizaje muy divertido para las dos ha sido, sobre todo, útil. Plastilina ha podido comunicarse conmigo de una manera muy clara desde los seis, siete meses. Ha podido decirme claramente qué quería o qué no sin tener que estar jugando a las adivinanzas.

Algunas amigas me decían que así tardaría más en hablar pero no ha sido el caso. Con casi veinte meses tiene un vocabulario (en alemán, español y lengua de signos) de unas 40 palabras. Además de pasarse casi todo el día repitiendo palabras de las que decimos.

Ahora ya casi no le enseño signos nuevos porque ya está hablando y quiero reforzarle la lengua oral pero seguimos usando los que ya sabemos. Es algo de verdad que os recomiendo, necesita tiempo y constancia pero es muy gratificante.